Alejandro Amenabar: el ‘niño mágico’ español
Por: Redacción

El que para muchos es el mejor director español de los últimos tiempos tiene aún cuentas pendientes en la Complutense de Madrid. Al fin y al cabo, en Amenábar lo artístico y lo académico se rompen en dos en la búsqueda del éxito a través de un cine que sobrepasa desde sus inicios lo que habitualmente conocemos como “cine español” (con las connotaciones que ello implica en multitud de ocasiones).
Alejandro Amenábar nace en Santiago de Chile el 31 de marzo de 1972. Hijo de padre chileno y madre española, tuvo suerte al emigrar hacia España pocos días antes del golpe de Estado de Pinochet. De su infancia, quizás, pudiéramos destacar los miedos habituales de todo niño, algo que el mismo director reconocería en varias entrevistas durante la promoción de Los otros (“The Others”, 2001), y que le atribuyó cierto paralelismo con el personaje de “Nicholas”.

Cortos polifacéticos

El final de su adolescencia y su juventud determinarán claramente el éxito de Amenábar. Primero, al iniciar sus estudios de Imagen y Sonido en 1990. Después, con la realización de una serie de cortos, cual de todos más aclamado. Tales son los casos de: La cabeza (1991), gracias al cual, con tan sólo 19 años, obtendría el primer premio de la Asociación Independiente de Cineastas Amateurs (AICA); Himenóptero (1992), reconocido con el premio al mejor corto en los festivales de Elche y Carabanchel; y Luna (1994), galardonado con el Premio Luis García Berlanga al mejor guión y el premio de la AICA a la mejor banda sonora.

Precisamente, este último dato nos lleva a pensar en un Amenábar polifacético, capaz no sólo de dirigir, sino de encargarse de tareas como la de guionista, editor, actor y músico.

Salto al cine
Con ese prometedor currículum, forjado a base de culturizarse viendo películas y montar sus propios proyectos, logra llamar la atención del productor José Luis Cuerda, de quien recibirá todo el apoyo necesario para enfrentarse a Tesis (1995), un film escrito por el propio Amenábar cuya temática gira alrededor del submundo de las “snuff movies”, grabaciones ilegales en las que se ven torturas y asesinatos reales.

Además de dirigir, escribió el guión y compuso la música. (A su particular manera, eso sí, reconociendo que se lleva fatal con el pentagrama, así que suele grabarse tarareando el motivo principal de sus piezas musicales). El resultado se tradujo en 7 estatuillas Goya (entre ellas las de mejor director novel, mejor película y mejor guión), convirtiéndole en la revelación de la temporada.

Dos años después, y nuevamente de la mano de José Luis Cuerda, con un guión coescrito junto a su compañero de piso y amigo Mateo Gil, se estrena Abre los ojos (1997), el film, quizás, más complejo y ambigüo de Amenábar que suscita odios y pasiones por igual.

Bastante de lo último fue lo que condujo a Tom Cruise a producir y protagonizar Vanilla Sky (2001), “remake” que permitió a Penélope Cruz dar el salto a Hollywood y que, sobre todo, beneficiaría de manera increíble al éxito de la siguiente obra de Alejandro Amenábar.

Mientras preparaba el que sería su mayor éxito hasta la fecha, compuso las bandas sonoras de Nadie conoce a nadie (1999), primer film de Mateo Gil, y de La lengua de las mariposas (1999), de José Luis Cuerda.

Así llega a la pieza cumbre de su carrera, que no es otra que Los otros (2001). En ella, Amenábar deja las connotaciones del "cine español" que comentábamos al principio para inmiscuirse en una película eminentemente "USA", aunque de producción española. El presupuesto más alto para una película hecha en España, el apoyo en la casa productora de Tom Cruise, y una Nicole Kidman inconmensurable, hacen de esta película un nuevo clásico del cine de terror psicológico, rememorando por momentos esa denotada y marcadísima influencia de Hitchcock, que su autor no se avergüenza en reconocer.

El éxito acompañó en todo momento a Los otros (2001): fue seleccionada para participar en la Sección Oficial del Festival de Venecia, nominada como mejor película a los Premios Europeos de Cine, y triunfadora de la XV Edición de los Goya con 8 estatuillas (de las 15 a las que optaba), entre ellas las de mejor película, director, o guión original.

Su próximo proyecto, recién estrenado, nos presenta a un Amenábar radicalmente distinto, lo que parece haber asustado a algunos de sus más fieles seguidores. El hecho de abandonar el “thriller” y el suspense para sumergirse en un melodrama como Mar adentro (2004) es, cuando menos, una apuesta arriesgada. Tal es el giro, que ésta es la primera película en la que José Luis Cuerda no participa de la producción, aunque esto responde a un deseo personal del director, que afirma sentirse capacitado para encargarse también de la producción.

Alejandro Aménabar nos vuelve a hablar de la muerte, aunque esta vez, desde la vida. Con Mar adentro (2004), la historia de un hombre que anhela morir, el joven cineasta busca y experimenta con el componente emocional, con el objetivo de que el espectador salga de la sala con una sonrisa a medias.


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